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Nro. 82 - Uribe: De la lista negra a la lista de favoritos |
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Fuente: abn.info.ve
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miércoles, 05 de marzo de 2008 |
Similitudes
en la relación del Imperio, a través de la CIA,
con Noriega, Hussein y Uribe.
Fuente: Agencia Bolivariana de Noticias.
Caracas, 04 Mar. ABN.- Un informe del Departamento de Defensa de
Estados Unidos, fechado en septiembre de 1991, da cuenta de las
relaciones del presidente de Colombia, Álvaro Uribe
Vélez, con el cartel de Medellín y con el
paramilitarismo.
La relación de estos hechos fue publicada por la revista
Newsweek el 9 de agosto de 2004, en una nota redactada por los
periodistas Joseph Contreras y Steven Ambrus, titulada "De la lista
negra a la lista de favoritos".
Newsweek hace referencia a un documento desclasificado, un informe de
inteligencia del Departamento de Defensa estadounidense, que "indica
quién es quién en el negocio de la
cocaína de Colombia".
La lista, que comienza con el otrora jefe del cartel de
Medellín Pablo Escobar, incluye a 104 "delincuentes,
asesinos, traficantes y abogados sospechosos, hasta llegar al puesto
82: Álvaro Uribe Vélez, político y
senador colombiano dedicado a colaborar con el Cartel de
Medellín en instancias de alto nivel del Gobierno".
De acuerdo con la cita que hace Newsweek del Informe de Inteligencia,
"Uribe estuvo ligado a un negocio involucrado en actividades
narcóticas en Estados Unidos (?), ha trabajado para el
Cartel de Medellín y es amigo cercano de Pablo Escobar
Gaviria".
Al tratar de explicar por qué son tan buenas las relaciones
de Uribe con Washington, Newsweek cita a Adam Isacson, del Centro de
Política Internacional, quien sostiene que "éste
es probablemente uno de los presidentes más pro Estados
Unidos en toda la historia de América Latina".
Explicaciones de este tipo han sido normales en Estados Unidos para
justificar sus relaciones con gobiernos dominados por mafias. Ese es el
caso de la Panamá de Manuel Antonio Noriega y el Iraq de
Sadam Hussein.
CIA y
narcotráfico
Tan temprano como en 1947, "el dinero, las armas y la
desinformación de la CIA permitieron a los sindicatos
criminales de Córcega en Marsella restar control a los
sindicatos laborales del partido comunista. La gente de
Córcega ganó control e influencia
política sobre los puertos, lo que les proporcionaba las
condiciones ideales para establecer alianzas a largo plazo con los
distribuidores de la mafia de la droga. Esto convirtió a
Marsella en la capital de la heroína de la posguerra en el
mundo occidental. En 1951, se abrieron los primeros laboratorios de
heroína en Marsella".
La cita anterior forma parte del informe The Cia, Contras, Gangs, and
Crack, publicado por el Instituto de Estudios Políticos (Ips
por sus siglas en inglés) y el Centro
Interhemisférico de Recursos (Irc, también por
sus siglas en inglés) en la edición digital de
Foreign Policy in Focus (http://www.ips-dc.org).
En ese texto podemos observar una trayectoria de apoyo
sistemático a grupos y gobiernos vinculados al
narcotráfico, dando cuenta de operaciones de
tráfico de drogas en el Sureste Asiático, en
1950, en Indochina, desde 1950 hasta los años 70, en
Australia de 1973 a 1980 y en Panamá desde 1970 hasta 1989.
Las operaciones en Panamá, en las que actuaba Manuel Antonio
Noriega, estaban relacionadas con las agresiones militares perpetradas
por grupos armados antisandinistas, que operaban desde territorio
hondureño, en la década de los 80 del siglo XX.
"La CIA suministraba a las fuerzas contrarevolucionarias (los contra)
aviones y pilotos encargados de llevar cocaína desde
América Central hasta aeropuertos y bases militares
estadounidenses -nos dice el informe de Ips-. En 1985, el agente de la
Administración de Drogas y Narcóticos (DEA),
Celerino Castillo, le informa a sus jefes que la cocaína
estaba siendo depositada en los almacenes de suministro a los contra en
la base de la fuerza aérea de Ilopango, en El Salvador, para
luego ser enviada en barcos a Estados Unidos. La DEA no hizo nada, y
Castillo fue gradualmente sacado de la agencia".
The Cia, Contras, Gangs, and Crack incorpora en su redacción
los vínculos que por más de una década
mantuvo la CIA con el "hombre fuerte" de Panamá, Manuel
Antonio Noriega, de quien reporta que "fue un muy bien pagado
colaborador de la CIA, a pesar de que las autoridades de las drogas
estadounidenses sabían que el general había
estado involucrado en narcotráfico y lavado de dinero a
principios de 1971. Noriega facilitó vuelos de "armas por
droga" para la contra, dándole protección a los
pilotos, refugio seguros para los oficiales del cartel de la droga y
discretas facilidades bancarias. Oficiales estadounidenses, incluyendo
al director de la Cia, William Webster y muchos oficiales de la Drugs
Enforcement Agency (DEA, por sus siglas en Inglés), le
enviaron cartas de elogio a Noriega por sus esfuerzos en la lucha
contra el narcotráfico (sólo contra su
competencia, el cartel de Medellín). Luego, Estados Unidos
se opuso a Noriega, invadió Panamá en diciembre
de 1989 y secuestró al general".
La invasión a Panamá y el secuestro de Noriega se
llevaron a cabo en diciembre de 1989, meses después de las
elecciones nicaragüenses en las que fuera derrotado el
gobierno sandinista. El general panameño ya no
tenía ninguna utilidad para Estados Unidos.
La
historia de Noriega es sospechosamente similar a la de Sadam Hussein,
otro "hombre fuerte", pero esta vez de Iraq.
Saddam fue otra de las piezas claves de la CIA para imponer el dominio
mundial de Estados Unidos, desde su posición como jefe de
Estado en Iraq, desde 1979 hasta 2003.
Desde esa condición, Saddam deterioró las
relaciones de Iraq con la Unión Soviética,
contribuyó a los acuerdos de Camp David, entre Israel y
Egipto, y condujo la guerra de su país contra la
Revolución Islámica de Irán.
La relación de Saddam con la Cia está ampliamente
documentada y como ejemplo podemos citar los trabajos de Richard Sale
para la agencia UPI, publicada el 10 de abril de 2003, y de Morris
Roger, en el New York Times, del 14 de marzo de 2003.
Saddam y Noriega, con amplio prontuario de conductas vinculadas a
asesinatos, genocidios y practicas de terrorismo de Estado, fueron
utilizados por Estados Unidos para agredir procesos revolucionarios que
resultaban incómodos a Washington.
Hoy ha correspondido a Uribe jugar este papel y servir como elemento de
amenaza y perturbación a los gobiernos
democráticos y progresistas de la región, en
especial contra Venezuela y Ecuador.
Para todo ello, el gobierno de Estados Unidos obvia los
vínculos del mandatario colombiano con el
narcotráfico y con las prácticas de exterminio de
adversarios políticos, realizadas en Colombia por fuerzas
paramilitares, algunas organizadas por el propio Uribe, como las
llamadas brigadas "Convivir" del Departamento de Antioquia cuando fue
gobernador entre 1995 y 1997.
Sin embargo, Estados Unidos tiene en sus manos aquel informe citado por
Newsweek, elaborado por el Departamento de Defensa, que coloca a Uribe
en el número 82, de una lista de integrantes del cartel de
Medellín que, comenzando por Pablo Escobar, incluye a 104
"delincuentes, asesinos, traficantes y abogados sospechosos".
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