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La guerra del uranio en Níger |
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Fuente: rebelion.org
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jueves, 12 de junio de 2008 |

Anna Bednik * [Le Monde Diplomatique].
Traducido por Caty R. **
El 15 de mayo de 2008, el Tribunal supremo de Níger
rechazó la solicitud de libertad condicional de Moussa Kaka,
corresponsal de Radio France Internationale. El periodista
está encarcelado desde hace ocho meses debido a sus
contactos con la rebelión tuareg. Ésta,
efectivamente, en febrero de 2007 retomó las armas para
reclamar un reparto más justo de las rentas del uranio. Ya
han muerto unos 85 soldados en la región de Agadez, donde
opera el grupo nuclear francés Areva.
«Si la única voz que se escucha es la de las
armas, ésa es nuestra elección», ha
declarado el Movimiento de los Nigerinos por la Justicia (MNJ) (1),
formación de mayoría tuareg que, doce
años después de los acuerdos del 24 de abril de
1995 entre el gobierno y una primera rebelión armada,
reanudó la lucha contra el poder central. Se ha extendido
hasta la zona del lago Chad, en el sureste de Níger. Los
enfrentamientos empezaron en febrero de 2007 en la región de
Agadez, en el centro del país.
Compuesto esencialmente por
antiguos rebeldes unidos en 2007, desertores del ejército
regular y algunas autoridades locales elegidas
democráticamente, el MNJ multiplica los ataques contra zonas
militares y símbolos del Estado.
Además de la aplicación efectiva de los acuerdos
de 1995 (que prevén especialmente la instauración
de la descentralización), el MNJ reclama la transferencia
del 50% de los ingresos mineros a las colectividades locales, la
contratación prioritaria de las poblaciones
autóctonas en este sector laboral, que se detenga el
«mercadeo» de los permisos de
explotación de materias primas y la suspensión de
las actividades de investigación en las zonas de
explotación ganadera.
La tensión subió en julio de 2007 cuando el MNJ
tomó como rehén a un ejecutivo de la
compañía «China Nuclear International
Uranium Corporation» (Sino-Uranium). Entonces, el MNJ
pidió a todos los países extranjeros que
evacuaran a sus nacionales que se hallaran en Níger
«por motivos de prospección o
explotación de los recursos mineros».
Níger es el tercer exportador mundial de uranio. Su
producción anual, evaluada en 3.300 toneladas, representa el
48% de sus ingresos de exportación. En 2003,
después de veinte años de bajadas, los cursos del
uranio reaparecen al alza: el crecimiento de la demanda mundial de
electricidad y la lógica de reducción de las
emisiones de gas invernadero auguran un hermoso futuro a la
nuclearización civil (2). Con el horizonte de 2030, la
Agencia internacional de la energía atómica
(OIEA) prevé un aumento, como mínimo, del 20% de
la potencia nuclear instalada en el mundo (el 83%, según las
previsiones más optimistas). Según la World
Nuclear Asociación (WNA), además de los treinta y
cuatro reactores electronucleares que se están construyendo,
están previstos otros noventa y tres, principalmente en
China, India, Japón y Rusia. Las necesidades crecientes de
combustible nuclear, así como la perspectiva del agotamiento
de sus recursos denominados «secundarios»
(especialmente el uranio militar reconvertido), reactivan la
prospección y la extracción minera del uranio
natural.
Rico en uranio, Níger también es uno de los
países más pobres del mundo (está en
el puesto número ciento setenta y cuatro sobre ciento
setenta y siete en la escala del desarrollo humano) y regularmente
tiene que enfrentarse a graves crisis alimentarias. Niamey presenta el
renovado interés por el combustible nuclear como un activo
sin precedentes en la «batalla del desarrollo
económico y social» (3).
Para aumentar los ingresos mineros de Níger, el presidente
Mamadou Tandja diversificó los socios. El uranio se explota
por dos sociedades franconigerianas, de las que Areva NC (4) es
accionista mayoritaria: Société des mines de
l’Air (Somair) el 63,4%, y la Compagnie minière
d’Akouta (Cominak) el 34%. El 26 de junio y el 25 de julio de
2007, el responsable de la seguridad del gigante francés de
la energía, el coronel Gilles de Namur, y después
el director local del grupo, Dominique Pin, fueron expulsados, acusados
de apoyar al MNJ (5). No obstante, las relaciones entre
París y Niamey se normalizaron en enero de 2008, cuando el
gobierno nigerino confirmó los derechos de
explotación de Areva sobre el gigantesco yacimiento de
Imouraren, llamado a convertirse en una de las mayores minas de uranio
del mundo. A cambio, el precio de compra pagado por Areva
subió un 50%.
Pero aunque la presencia de Areva en Níger no se cuestiona,
Niamey ya comercializa una parte de la producción
directamente en el mercado (trescientas toneladas en 2007), y el
monopolio francés de la extracción del uranio se
ha acabado en Níger. En noviembre de 2007 Sino-Uranium,
filial de la empresa pública China National Nuclear
Corporation (CNNC), que explora desde 2006 la importante
concesión de Tegguida, obtuvo el permiso de
explotación del yacimiento de Azelik. Además, se
asignaron algunos permisos de investigación a una veintena
de sociedades «jóvenes» canadienses,
australianas, sudafricanas, indias y británicas.
Las concesiones menores (acordadas o en negociación) se
extienden sobre unos noventa mil kilómetros cuadrados del
borde occidental del macizo de l’Air (región de
Agadez), territorio situado entre la frontera argelina y el acantilado
de Tiguidit. No se realizó ninguna consulta en las
poblaciones del norte (al menos trescientas mil personas,
principalmente tuaregs) cuyas tierras ancestrales se concedieron a las
compañías. Se conminó a los habitantes
de la zona de Tegguidda Tessoum (oeste de Agadez) para que evacuaran la
zona (alrededor de dos mil quinientos kilómetros cuadrados)
concedida a Sino-Uranium. Niger Uranio Limited, que empezó
la prospección en Ingal e Ighazer, prohibió a los
ganaderos la utilización de pozos pastorales. En los
alrededores de Imouraren, las actividades de prospección de
Areva hacen que el ganado huya y convierten la ganadería en
una actividad imposible.
Los empleos tradicionales de las poblaciones -explotación
artesanal de sal, agricultura en los oasis y sobre todo la
ganadería trashumante- así como el complejo
equilibrio organizativo, están seriamente amenazados. La
futura zona minera cubre las principales superficies de la
ganadería nómada, con los ricos pastos del llano
de Ighazer (6), lugar de la «cura salada» donde se
citan anualmente decenas de miles de ganaderos, que permiten garantizar
a los rebaños el aporte de minerales.
Residuos
radiactivos almacenados al aire libre
Además, la puesta en producción de los nuevos
sitios, prevista hacia 2010 (Azelik) y 2012 (Imouraren), hace que se
redoblen los temores levantados por el primer examen de la
situación radiológica y sanitaria de las dos
ciudades mineras existentes, Arlit y Akokan. Este estudio se
elaboró entre 2003 y 2005, a petición de la
asociación local Aghir In Man, por la Comisión de
investigación e información independiente sobre
la radiactividad (Criirad) y la organización no
gubernamental de juristas Sherpa (7).
Según el Criirad, el agua distribuida a la
población (más de mil habitantes) presenta
niveles de radiactividad que sobrepasan los topes de las normas
internacionales de potabilidad. Los residuos radiactivos se almacenan
al aire libre desde hace varios decenios. Las chatarras que resultan
del trabajo de las máquinas se venden en los mercados, la
población las recicla y las utiliza como materiales de
construcción o para hacer utensilios de cocina. En mayo de
2007, el Criirad indicó a la dirección de Areva y
al Centro nacional de radioprotección de Níger la
presencia de residuos de la extracción en el
ámbito público, así como niveles de
radiación gamma hasta cien veces superiores a lo normal. En
ausencia de un auténtico peritaje científico, los
riesgos para la salud son difíciles de evaluar a largo plazo
(8). Sin embargo, el Sherpa destaca la multiplicación de
casos graves de enfermedades respiratorias y pulmonares, que se
habrían ocultado sistemáticamente a los pacientes
por los dos hospitales construidos y administrados por Somair y
Cominak. Ambas sociedades mineras son el segundo patrono del
país después del Estado y sus enormes necesidades
de suministro benefician a un gran número de empresas. No
obstante, operan esencialmente en el sur (Haoussas y Djermas), zonas
más preparadas y mejor representadas en las esferas
administrativas y políticas, que influyen en los puestos
clave y se benefician de los principales contratos. La
población local tuareg, poco escolarizada y que vive de
manera tradicional, permanece al margen de la economía de
las ciudades mineras.
Poco después del inicio de la explotación de la
mina de Arlit, cuando la sequía diezmó
más del 75% de su ganado (1973-1974), muchos tuaregs
emprendieron el camino del exilio hacia las grandes ciudades y hacia
Argelia y Libia. Cerca de veinte mil de ellos regresaron al
país a finales de los años ochenta, estimulados
por el discurso de «anticrispación» del
coronel Ali Salbou, que ponía fin a trece años de
«estado de excepción» del general Seyni
Kountché. Níger atravesaba entonces una crisis
económica y no se habilitaron los medios para absorber este
regreso masivo. La ilusión de la flexibilidad del
régimen se disipó rápidamente, ya que
a un enfrentamiento entre tuaregs y fuerzas del orden en Tchin
Tabaraden (mayo de 1990) le siguió una violenta
represión (9). La ausencia de sanciones se
añadió a las frustraciones acumuladas por los
tuaregs, cuyo sentimiento de marginación se tradujo, en
octubre de 1991, en el estallido de la primera rebelión.
Sobre el papel, los acuerdos de paz de 1995 preveían,
además de la reinserción de los antiguos
rebeldes, medidas favorables al desarrollo del norte, así
como la instauración de la descentralización
previa, a la que seguiría una transferencia a las
colectividades territoriales de rentas generadas por la
explotación minera.
Doce años más tarde la
descentralización aún no ha terminado y no ha
llegado la transferencia del 15% de los ingresos mineros a los
municipios concernidos, que se aprobó en 2006 y no ha tenido
ningún efecto. Peor todavía, la
concesión de los nuevos permisos mineros se está
llevando a cabo sin prever ninguna medida compensatoria. «Los
tuaregs no somos nada ante las preocupaciones económicas de
los gobiernos», afirma Issouf Ag Maha, alcalde
democrático del municipio de Tchirozérine
exiliado en Francia «todo lo que queremos es que el poder
nigerino y las sociedades mineras tengan en cuenta que vivimos en estas
tierras».
En agosto de 2007, se promulgó un estado de
«alerta» (una modalidad del estado de
excepción) en la región de Agadez. Desde entonces
las organizaciones de defensa de los derechos humanos denuncian
arrestos y detenciones arbitrarias (más de cien),
así como ejecuciones sumarias de civiles (cerca de setenta)
perpetradas por el ejército nigerino (FAN) en represalia por
los ataques del MNJ. Se señalan torturas, violaciones,
saqueos y masacres de rebaños, en muchos casos la
única fuente de ingresos de los habitantes de la
región. En sus desplazamientos, el FAN también
habría utilizado civiles como «escudos
humanos», especialmente para protegerse de las minas. Estas
exacciones originan desplazamientos masivos de población.
«En Iferouane sólo queda el ejército,
todos los habitantes huyeron», declara el responsable de una
pequeña asociación que, como muchos otros, tuvo
que abandonar sus actividades en la zona. El temor a las represalias y
las minas en las carreteras dificultan cada vez más el
suministro. Los precios estallan y la temporada turística,
fuente de ingresos, no ha existido.
Los intentos de mediación de Libia, Burkina Faso y la
Unión Africana no han dado resultado. El presidente Tandja
se niega a negociar con los rebeldes, a quienes califica de
«bandidos y narcotraficantes». La zona del
conflicto está prohibida a los periodistas (10). Niamey
clama su derecho a disponer libremente de sus recursos naturales e
invita a los nigerinos a buscar el origen de la crisis en la
importancia estratégica del país. A mediados de
abril de 2008, la Asamblea Nacional exhortó al gobierno para
«que tome todas las medidas para establecer un reglamento
pacífico y duradero del conflicto», que constituye
una «grave amenaza para la estabilidad de
Níger». Una exigencia, de momento, sin
consecuencias.
Notas:
(1) Comunicado del 29 de abril de 2008 del MNJ.
(2) Organisation de coopération et de
développement économiques-Agence internationale
de l’énergie, World Energy Outlook 2007. China and
India Insights, 2007. Aunque la parte de nuclear en la
producción mundial de electricidad debería seguir
siendo estable (entre el 13% y el 16%), la potencia nuclear instalada
se dedica a incrementar el valor absoluto.
(3) Moustapha Kadi, «Insécurité
croissante au Nord Niger. A quand la paix?», Energie pour
tous n°7, Niamey, 5 de septiembre de 2007.
(4) Compagnie générale des matières
nucléaires (Cogema), antes de su integración en
el polo nuclear del grupo Areva en 2001.
(5) Areva se convirtió en sospechosa tras la
adhesión al MNJ de un capitán de las fuerzas
nacionales de intervención y seguridad (julio de 2007),
previamente contratado para garantizar la seguridad de las zonas de
Areva, que recibió de la empresa cerca de 85.000 euros.
(7) Criirad, «Cuenta de resultados de Arlit
(Níger), diciembre de 2003»; «Impacto de
la explotación del uranio por las filiales de Cogema-Areva
en Níger, 20 de abril de 2005»;
«Presencia de materiales radiactivos en el ámbito
público de Arlit y Akokan, 14 de mayo de 2007».
Samira Daoud y Jean-Pierre Geta, «Cogema en Níger,
Informe de la investigación sobre la situación de
los trabajadores de Somair y Cominak», Sherpa, 25 de abril de
2005.
(8) En 2004, Areva encarga una auditoría medioambiental al
Instituto de radioprotección y seguridad nuclear (IRSN). Sus
conclusiones, según Criirad, se han subestimado.
También se llevó a cabo una auditoría
clínica previa petición de Areva (2005). Ninguno
de estos estudios evalúa los riesgos sanitarios a largo
plazo.
(9) Setenta muertes según el gobierno, aproximadamente
seiscientas según las organizaciones internacionales y
más de mil según los tuaregs. Mano Dayak, Michael
Stiihrenberg y Jérôme Strazzulla: Touareg, la
tragédie, Lattes, Paris, 1992.
(10) Moussa Kaka, corresponsal de Radio France.
Original
en francés:
http://www.temoust.org/spip.php?article5613
* Anna Bednik es
periodista de Le Monde Diplomatique.
** Caty R. pertenece a
los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala.
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