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Ferrajoli: Hay intereses muy fuertes para mantener las drogas prohibidas |
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Fuente: pagina12.com.ar
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jueves, 12 de junio de 2008 |

Entrevista
a Luigi Ferrajoli, Padre del Garantismo Penal.
Por Carlos Rodríguez [Página/12].
Es
uno de los principales teóricos del garantismo en materia
penal. Aquí, sus reflexiones sobre drogas,
despenalización, derecho, globalización y
libertades.
“La legislación antidroga que se ha desarrollado
en el mundo, bajo la presión de Estados Unidos, es
totalmente irracional. Sólo produce criminalidad y no
produce la disminución del consumo.” El jurista
italiano Luigi Ferrajoli, padre de la teoría del garantismo
penal, en una entrevista con PáginaI12 se
manifestó a favor de la legalización de las
drogas. “La legalización podría
producir un aumento del consumo al principio, durante un breve tiempo,
pero después se produciría una
disminución”, opinó Ferrajoli, quien se
mostró de acuerdo además con la
despenalización de la tenencia de droga para consumo.
Lamentó, por otra parte, que el garantismo se haya
desarrollado “exclusivamente frente a los poderes
públicos”, cuando debería poner freno
“a los poderes privados que, sin derecho, pueden
desarrollarse en forma salvaje e ilimitada”. Puso como
ejemplos “la confusión que hay entre libertad de
prensa y propiedad de los medios”, así como el
avance de las empresas multinacionales sobre los recursos naturales de
los pueblos más débiles. “Creo que es
necesario señalar el carácter suicida de esta
falta de límites frente a las empresas privadas”
porque, concluyó, “al contrario de otras
catástrofes del pasado, puede que hoy no estemos a tiempo de
decir, una vez más, ‘nunca
más’”.
Ferrajoli viajó a Buenos Aires para dejar inaugurado el III
Congreso de la Asociación Interamericana de
Defensorías Públicas (Aidef), financiado por el
programa Eurosocial Justicia de la Comisión Europea y
organizado por la Defensoría General de la
Nación, cuya titular es Stella Maris Martínez, a
su vez coordinadora general de la Aidef (ver aparte).
–A fines de los noventa usted decía que el
garantismo era una palabra nueva en el léxico
jurídico porque se había incorporado veinte
años antes, en Italia, al Derecho Penal.
¿Cómo es hoy la situación a nivel
universal?
–El garantismo es una expresión acuñada
en los setenta, en Italia, en el terreno del Derecho Penal. Sin
embargo, puede ser extendido como paradigma teórico a las
garantías de todos los derechos fundamentales, no
sólo del derecho de libertad en materia penal sino
también en los derechos sociales. Y no solamente frente a
los poderes públicos sino también frente a los
poderes privados. Y no solamente frente al poder de un Estado sino
también frente a los poderes internacionales.
–Usted afirma que hay expansiones del garantismo que
deberían ser tomadas en cuenta en forma urgente.
¿A qué cuestiones se refiere?
–Una de las expansiones es en dirección de los
derechos sociales. Otra es en dirección de los poderes
privados que la tradición liberal siempre ha confundido con
las libertades cuando son cosas diferentes. Por ejemplo, se confunde lo
que es la propiedad de los medios y lo que es la libertad de prensa. O
también el poder del mercado, que es un poder al que se pone
por encima de los derechos civiles. El garantismo se ha desarrollado
exclusivamente frente a los poderes públicos, como expresa
el estado de derecho, en vez de manifestarse también frente
a los poderes privados. El derecho al trabajo, el derecho al medio
ambiente no tienen un diseño constitucional. Estas
expansiones deben ser estructurales.
–Hay una tercera expansión de la que usted habla.
–La tercera expansión es el derecho internacional.
Nosotros tenemos muchas cartas internacionales: declaración
de derechos, convenciones, pactos, pero sin garantías. Sobre
este vacío de garantías, el poder privado y de
las grandes empresas privadas llenan el vacío de
garantías públicas. Esto permite que los poderes
privados, sin derecho, puedan desarrollarse en forma salvaje e
ilimitada.
–Volviendo sobre el tema de la libertad de prensa, en
Argentina, en algunos momentos históricos, hasta puede ser
menos complicado trabajar con cierta libertad en un medio de prensa
estatal que en uno privado.
–Esto también ocurre en Italia y es signo de la
importancia de los conceptos teóricos. Esto es el fruto de
una confusión conceptual que deviene de hablar de
“libertad de prensa” cuando en realidad es
“libertad de la propiedad de los medios”. La
polémica que se dio en Italia, sobre el monopolio de los
medios por parte de (Silvio) Berlusconi, ha hecho hincapié
sobre el pluralismo de la propiedad, que es un valor que debe ser
garantizado, naturalmente. Pero yo creo que se debe también
afirmar la separación entre libertad de prensa, es decir la
libertad de los periodistas para informar, de la propiedad de los
medios. La propiedad no debería tener influencia en la
opinión de los periodistas y no debería haber
nadie que tenga más de una red de televisión o
más de un periódico. Esto debería ser
garantizado por ley. Si no ocurre eso, son sólo
garantías de papel, que no tienen aplicación real.
–Estuvo reunido con el ministro Aníbal
Fernández y habló con él sobre el
proyecto de despenalización de la tenencia de drogas para
consumo personal. ¿Cuál es su opinión
sobre esa iniciativa?
–La legislación antidroga que se ha desarrollado
en el mundo bajo la presión de Estados Unidos es totalmente
irracional. Esto sólo produce criminalidad y no la
disminución del consumo. El prohibicionismo significa
afirmar el monopolio criminal del mercado de la droga, que produce, en
forma inevitable, criminalidad grande y pequeña, en este
caso de los pequeños vendedores de droga. Esta criminalidad
ejerce una presión sobre todos los jóvenes que la
legalización de la droga no produciría. Existe un
interés de los pequeños consumidores-vendedores
de corromper a otros jóvenes. Esto está ligado a
la presión de los grandes monopolios de la droga. Todo eso
lleva a que la represión caiga sobre la mano de obra barata
y no sobre las grandes empresas.
–¿La legalización de la droga
sería la solución al problema?
–Es posible que la legalización, en un breve
primer momento, produzca un aumento del consumo, pero en el largo plazo
produzca una disminución, porque ya no estaría la
presión y la corrupción sobre los consumidores,
que deben convencer a sus propios compañeros de que consuman.
–¿Qué opinión tiene sobre el
proyecto argentino de despenalización?
–Yo no he leído el proyecto, no conozco el
detalle. Me ha parecido que el ministro tiene una política
muy racional. Uno de los pasos a dar, en el combate contra las drogas,
es disponer la inimputabilidad del consumo. Es un principio
clásicamente liberal el decir que “los actos
contra sí mismo no son punibles”. Cada uno es
soberano sobre su persona. La criminalización
sólo empeora el problema. Otra medida podría ser
la de diferenciar droga pesada de droga liviana. Lo importante es
disminuir el daño. Y para eso, el Derecho Penal no es una
varita mágica.
–Tengo entendido que también se
interesó por el plan de desarme de la sociedad civil que se
está llevando a cabo.
–Una política importante sería la de
ilegalizar el uso de armas. Las armas deberían ser
consideradas, más que la droga, bienes ilícitos.
Las armas son destinadas a matar, producen guerra y criminalidad.
¿Por qué no hablar del arma-tráfico en
lugar de hablar tanto del narco-tráfico?
–Antes hablaba de la “irracionalidad” de
la política en materia de drogas que impulsa Estados Unidos.
¿Es posible hacer cambios de fondo para terminar con las
drogas y las armas cuando son dos negocios fabulosos?
–Es legítima la sospecha de que hay intereses muy
fuertes para sostener el prohibicionismo de las drogas. Es
increíble, porque Estados Unidos tiene experiencias de
prohibicionismo, en los años ’20, lo que ha
producido el gangsterismo, lo que ha producido una criminalidad feroz.
–Usted habla de la relación entre Derecho y
globalización.
–Es importante analizar cómo se puede utilizar el
Derecho para neutralizar los efectos negativos de la
globalización. La globalización se caracteriza
como un vacío del derecho público, un
vacío de garantías de los derechos fundamentales.
Nosotros tenemos los pactos de derechos humanos, muchas convenciones
interamericanas, europeas, africanas. Tenemos muchas cartas y
declaraciones, pero son derechos de papel si no existen leyes que
permitan su aplicación práctica.
–¿Cómo se frena una
globalización que, en muchos aspectos, está
llevando a la destrucción del ambiente, como ocurre en la
Argentina con las empresas que explotan minas a cielo abierto?
–Hay una total falta de límites para las empresas
que pueden devastar el medio ambiente y los recursos naturales. Las
empresas encuentran, entre los grandes lineamientos nacionales de los
países, cuáles son los más
vulnerables. De ese modo pueden decidir en cuál de los
países existen leyes o ellos las pueden imponer, mediante
las cuales se puede explotar el trabajo, destruir el medio ambiente o
corromper a los gobernantes. Esto se llama, como un eufemismo, la
“competencia” entre los ordenamientos nacionales
más benignos y los ordenamientos de las empresas. Esto
sólo es bueno para las empresas, que aprovechan los Estados
con una legislación menos garantista.
–En Argentina hubo protestas de las comunidades afectadas,
con éxito o sin él, para evitar la
destrucción de los recursos naturales, pero las empresas
siguen destruyendo el ambiente.
–Son procesos difíciles, de largo plazo.
Sólo las luchas sociales pueden evidenciar la
violación de los derechos, la inconstitucionalidad de lo que
está sucediendo. Es necesario señalar el
carácter suicida de esta falta de límites frente
a las empresas privadas. Este es el único planeta que
tenemos. Respecto de las grandes catástrofes del pasado, hoy
existe una diferencia: podemos no estar a tiempo de decir, una vez
más, “nunca más”.
–Es como decir que hay riesgo de que nunca más
podamos decir “nunca más”.
–Bravo. Les dijimos “nunca
más” al fascismo, “nunca
más” a la dictadura, “nunca
más” a la destrucción del planeta,
“nunca más” a la desigualdad que produce
millones de muertes. Ahora podríamos no estar a tiempo para
tomar decisiones que paren lo que está ocurriendo.
Ricos
y pobres, derechos diferentes
“Se está produciendo, de manera sorprendente, una
duplicación del derecho penal: derecho mínimo y
tolerante para los ricos y potentes; derecho máximo e
inflexible para los pobres y los marginados.” En su
conferencia de apertura del III Congreso de la Asociación
Interamericana de Defensorías Públicas, el
jurista Luigi Ferrajoli consideró “doloroso y
doliente” lo que llamó “el acceso o
mejor decir, el no acceso, a la Justicia de los sujetos
débiles por razones sociales, o de género, o de
edad, o de otras condiciones personales y sociales”.
Ferrajoli habló de la “extrema desigualdad de las
personas frente a la Justicia”, lo que sumado a la
prolongación de los procesos “deriva, para las
personas más pobres, en una denegación de
justicia”.
Ferrajoli sostuvo que los juicios públicos se han
transformado “en un lujo reservado a quienes disponen de
costosas defensas”. Sobre la ejecución de la pena
de los condenados, dijo que para obtener la libertad condicional
“más que la buena conducta” se toman en
cuenta “criterios como las posibilidades de
ocupación, la familia, el grado de instrucción y
similares que excluyen, por ejemplo, a los inmigrantes clandestinos y
claro, reproducen y acentúan las desigualdades sociales y de
oportunidad”.
También cuestionó, como factor de la
“creciente desigualdad”, el carácter
“siempre más marcadamente clasista de la Justicia
penal en todos los países occidentales: desde Italia a la
Argentina y el Brasil y a los otros países latinoamericanos;
desde Estados Unidos a los demás países
europeos”. Por eso las cárceles están
llenas de “sujetos pobres y marginados, inmigrantes, negros,
toxicodependientes, detenidos por pequeños delitos contra el
patrimonio”.
Consideró que se trata de “una
prisionalización en masa de los pobres, debida a una
degeneración clasista de la Justicia penal y fuertemente
sostenida por una ideología de exclusión que
criminaliza a los pobres, los marginales o peor aún, a los
que se considera ‘diferentes’ –el
extranjero, el islámico, el inmigrante
clandestino– bajo la insignia de una antropología
racista de la desigualdad”.
Todo se está dando, dijo Ferrajoli, con la ayuda de
“políticas interesadas solamente en reflejar y
amplificar los miedos y los humores represivos presentes en nuestras
sociedades”, cuando en realidad “las
estadísticas históricas sobre criminalidad
demuestran que el número de los delitos, especialmente en
contra de las personas –homicidios, violencias, violaciones,
lesiones– han disminuido, en proporción a la
población, respecto de décadas pasadas, y
más aún respecto de un siglo
atrás”. Dijo que sólo se combate
“la criminalidad de la calle” y no la de
“los poderosos, la corrupción, los falsos balances
de empresas, los fondos negros y ocultos, la evasión y los
fraudes fiscales”, entre otros.
Una
vida por el garantismo
Luigi Ferrajoli nació en Florencia en el año
1940. Tuvo actuación como juez entre los años
1967 y 1975, vinculado con un grupo conocido como Magistratura
Democrática. Desde 1970 fue profesor de Filosofía
del Derecho y de Teoría General del Derecho en la
Universidad de Camerino. En la actualidad se desempeña en la
Universidad de Roma Tree. Uno de sus primeros libros fue Democracia
autoritaria y capitalismo maduro, en colaboración con Danilo
Zolo. La obra fue editada en el año 1978.
Su libro más famoso es Derecho y razón,
teoría del garantismo penal, que fue editado en
español en el año 1995. Es considerado uno de los
mejores manuales contemporáneos de Derecho Penal y
Filosofía del Derecho. Otros libros suyos son Derechos y
garantías, la ley del más débil; Los
fundamentos de los derechos fundamentales; Razones jurídicas
del pacifismo y Garantismo, una discusión sobre derechos y
democracia.
Colaboró en la redacción de otras obras, como
Teoría del neoconstitucionalismo y La renta
básica como Nuevo derecho ciudadano. Escribió
numerosos ensayos sobre teoría del derecho,
lógica jurídica, metodología de la
ciencia jurídica y crítica del derecho. Ferrajoli
ha dicho que “el miedo es un fuerte factor de
legitimación política de los giros
autoritarios” y que “siempre que existe un
déficit de legitimidad política se recurre a las
campañas de orden”.
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