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Frases Celebres |
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“El mal no debe ganar sobre la base de tecnicidades.” Esquilo |
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Es la democracia, estúpidos |
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Fuente: pagina12.com.ar
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jueves, 12 de junio de 2008 |

Por Mempo Giardinelli [Página/12].
La llamada “crisis del campo”, lejos de resolverse
luego del último, mesurado discurso de la Presidenta, parece
deslizarse por senderos peligrosos para la República.
Ya el país sabe que fue mentira el enfrentamiento entre dos
“partes”. Hoy todos sabemos que “el
campo” es, en realidad, un sector de empresarios rurales que
protestan porque van a ganar menos de lo que tenían pensado.
Y todos sabemos, también, que el Gobierno metió
la pata, no la sacó a tiempo y sigue confundido.
Pero lo que no parece claro –y hay que evidenciar–
es que lo que este conflicto puede estar esmerilando, y muy velozmente,
es a la democracia misma.
No importa si la sociedad argentina se merece esto o no. Tampoco
importa tanto tal o cual retención, o si el malo de la
película es Néstor o es Cristina.
Acá y ahora el debate profundo es si llegamos al final de un
ciclo de 25 años de democracia imperfecta y volvemos para
atrás; o si mejoramos las instituciones de la
Constitución Nacional para avanzar hacia una democracia
más justa, eficiente y distributiva.
Hay gente humilde que repite consignas vacías porque creen
creer lo que les dicen la radio, la tele y los grandes diarios. Hay los
que fueron tocados en sus intereses y hay un fuerte resentimiento en
otros cuya situación económica no lo
justificaría. Y hay, incluso, personas con largas
trayectorias progresistas en posiciones inesperadamente
retrógradas.
Todos buena gente, acaso lanzados sin saberlo contra la democracia. A
la que culpan de todo cuando dicen que “esto no es una
democracia”. A partir de esa negación, avalan un
insurreccionalismo suicida como el que ha instalado astutamente el PCR,
montado a caballo de la ingenuidad política de muchos y del
cretinismo de otros.
Esa confusión es gravísima, porque ignora o niega
que una cosa es la democracia y otra son los malos gobiernos.
Uno puede tirar la bronca contra este o aquel gobierno, o contra todos,
pero eso es criticar una gestión. Que se puede cambiar. Todo
puede cambiarse dentro de la Constitución y la ley.
Precisamente por eso la democracia nunca es culpable y, al contrario,
es la mejor garantía de cambio.
Parece mentira tener que recordar que la democracia es la lenta
construcción de convivencia que venimos haciendo desde el
’83 y que hoy nos permite mantener la serenidad, tolerando la
mentira contumaz que fluye del dial y de la tele, hoy repertorio de
lugares comunes, editorialización disfrazada de
información y censura de las ideas diferentes.
Más allá de matices, intereses corporativos o
razones económicas, lo que el sector rural está
haciendo desde hace tres meses es minar las bases de esa convivencia.
Acaso la mayoría de ellos no lo ve, o no lo quiere ver, pero
es la democracia la que está siendo esmerilada. Por eso
huelgan todas las comparaciones con piquetes y piqueteros anteriores.
Con el espejismo de un dizque “nuevo federalismo”
claramente anticonstitucional, y con la renovada
demonización del “Estado” que para ellos
encarna el matrimonio K, enormes porciones de las clases medias y altas
se tragaron la masita envenenada de “campo versus
Gobierno” y con eso revivieron lo peor de la Argentina: la
polarización de posiciones. La vida nacional en blanco y
negro.
Algunas entidades de elite, los pools sojeros, el capital
más concentrado de la agroganadería, incluso
sectores protegidos dentro del mismo Gobierno K, junto a
prácticas periodísticas abyectas,
están carcomiendo la democracia.
Generan desaliento, liman la confianza en las instituciones, instalan
la idea de caos, descontrol y “desgobierno”. Todo
eso que antaño precedía a los golpes militares.
En entusiasta coro anuncian que se acabó el crecimiento; que
la inflación nos fagocita; que la economía se
desmorona; que las encuestas “muestran” el
desprecio popular hacia los K y así siguiendo.
Incluso proclaman un desabastecimiento que ha de estar sólo
en Buenos Aires –es hora de que se enteren– porque
aquí en el Chaco, mientras escribo esta nota, no hay
desabastecimiento de nada. Supermercados, carnicerías,
verdulerías, almacenes y ferias de barrio están
como siempre. La semana pasada vi lo mismo en Santiago del Estero y en
Tucumán, Córdoba y Rafaela. Y anoche en
Corrientes. Debemos ser marcianos entre góndolas llenas.
Tal como hicieron todos los golpes de Estado, operan sobre las clases
medias. Atemorizan, amenazan, golpean. Así es como golpean.
Confundiendo, golpean. Gritando como el desaforado señor De
Angeli. Y mezclándolo todo: resucitados
chinoístas con caceroleros de Barrio Norte;
insurreccionalistas atrasados un siglo junto a la vieja
oligarquía terrateniente; paisanos con gente paqueta de
Barrio Norte; la correntina Pando con represores retirados de Recoleta.
Todos exaltados y con escarapela.
Y con ellos, muchos chacareros verdadera y sinceramente afectados, pero
con el libreto escrito por discípulos de Neustadt y Grondona.
Biblia y calefón, mondongo con dulce de leche, lo que se
oculta es la soja transgénica que en casi todo el mundo se
prohíbe pero aquí protegen todos, incluso el
Gobierno. Y que arruina la tierra porque glifosato mata humus, y con
eso no hay tutía. En Europa no se permite ni un metro
cuadrado de transgénicos (salvo experimentales) y Francia
acaba de cerrar incluso la importación. Pero de eso
acá ni se habla y por eso es imperativo desnudar las tramas
mentirosas que hoy difunden incluso los más inteligentes
colegas, devenidos verdaderos dirigentes opositores.
En cuanto al Gobierno –al que voté y sin embargo
cuestiono cada vez más por su torpeza y poca
transparencia– se trata de defender la terminación
de su mandato en 2011, para que sea sustituido, si ésa es su
voluntad, por los votos del soberano. Y federalismo sí,
claro, pero no más con “puebladas”
inducidas.
Por eso es también un peligro que el Gobierno no reaccione.
Su propia incongruencia le extravía el buen juicio y por eso
no sabe ofrecerle a la sociedad una rápida salida a la
emergencia; ni propone una reforma agraria surgida de un sano debate
nacional como el que debe hacerse sobre retenciones, radio y
televisión y derecho a la información. Por eso
está el Congreso semicongelado; por eso mienten
estúpidamente el índice inflacionario; y por eso
junto a ministros y funcionarios que son de lujo se apuntalan otros que
debieran ser corridos, por corruptos o por ineptos.
Lo peor de la Argentina ha vuelto. Junto a genuinos y heroicos
chacareros, y desplazado ya el campesinado más pobre, los
monstruos del pasado operan travestidos (con perdón de los
travestis) en ruidoso montón.
Sólo que como esta vez se topan con una sociedad que hizo
culto de la memoria, veremos quién gana. Porque en esto
sí hay dos sectores: los demócratas y los
“destituyentes”, como se dice ahora, conscientes o
no.
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