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“Ponga a dormir el corazón, no piense.” Roberto Jorge Santoro |
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El hombre culto que fue Cipriano Castro y que casi nadie conoce |
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Fuente: aporrea.org
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viernes, 28 de diciembre de 2007 |
Por José Sant Roz [Aporrea].
A finales del siglo XIX, en aquella tierra de muerte y horror fue
surgiendo un hombre de determinaciones nacionalistas. Era
músico, gran bailarín, estudioso, guerrero,
inteligente, un político con garra.
Don Cipriano Castro[1] había estudiado música con
los maestros: Rafael María Sarmiento y José
Consolación Colmenares. Éste último
era del pueblo de Pregonero. Castro estudió
violín, tocaba la flauta y la trompeta, y en los
años del exilio se ganaba la vida dando serenatas y tocando
en las fiestas. Uno de los personajes poco estudiados de esta
época, es Obdulio Cacique (bombardinista y músico
de la Banda Los Cachacos), quien fue su amigo hasta el momento en que
por cuestiones políticas, ambos terminan en bandos
contrarios y acaban enfrentándose en el pueblo Libertad.
En ese enfrentamiento muere un tal Evaristo Jaimes. Algunos dicen que
fue en este momento cuando se conocieron Castro y Juan Vicente
Gómez, ya que este personaje de Evaristo Jaimes
venía siendo padrino de confirmación de
Gómez. Refiere la historia que habiendo tomado Castro poder
en el pueblo, Gómez le pidió permiso para
enterrar a su padrino.
Tanto Obdulio Cacique como Castro, fueron dirigidos por un gordo
camaleón de la época llamado Ascensión
Niño. Este señor Ascensión era
Procurador General, y había sido muy amigo de Antonio
Guzmán Blanco, y pudo sobrevivir cincuenta años
en la poliquería, desde 1870 hasta los turbulento
días de 1918, cuando muere a causa de la gripe
española.
Obdulio, muere a los 36 años dizque de un infarto. Dicen
algunos que fue mandado a envenenar por el famoso Pablo
Peñalosa, dentro de las intrigas de la época. La
muerte de Cacique causó tanto revuelo que se
publicó su autopsia por la prensa, firmada y convalidada por
nueve médicos. Obdulio era más disciplinado,
mejor militar y político que Castro; Castro era
más rebelde.
Existe una gran relación entre la música y el
poder, una tesis que ha trabajado con mucha dedicación el
Dr. Luis Hernández Contreras. “La
música es el único elemento estético
que aquellos hombres asimilaron para sí. El tocar el Himno,
el rendir los honores, da a estos hombres una sensación de
poder diferente a las otras artes estéticas. No se
podía rendir honores con una exposición de
pintura o con un cuerpo de danza. Cipriano Castro y otros cuatro
tachirenses más, llegaron a ser presidentes del
Táchira y músicos profesionales: Castro,
Ascensión Niño y Jesús Velasco
Bustamante (cuñado de Cipriano Castro y quien escribe en
formas musicales superiores, es decir, no valses y bambucos sino
fantasías y obras de mayor envergadura). Cuando Castro parte
triunfante a tomar el poder en Caracas, lo acompañan muchos
músicos, además de Ascensión
Niño, Agustín Arias y otros que tocaban el
violín y el órgano en la vieja iglesia
matriz[2]”.
También Castro era administrador de un periódico,
llamado El Álbum, que se hace en Rubio en 1878, poco
conocido. En los años en que imperaba el gobierno de Ignacio
Andrade, se hablaba de un don Cipriano Castro que se encontraba enfermo
en su hacienda de Bella Vista. Eso lo reseña un
periódico llamado La Probidad, de 1887, que lo
dirigía Samuel Niño.
No se sabe, hasta qué punto Castro aceptaba la
anexión del Táchira como sección del
gran Estado Los Andes. Porque él llega a ser gobernador del
Táchira cuando la capital imperaba en Mérida, en
los años cuando su futuro enemigo Carlos Rangel Garbiras era
su aliado. Pero al mismo tiempo, antes de 1899, lo vemos entregado a su
afición por las zarzuelas, por las arte en particular, y por
allí cultivándose en el trato con muchos hombres
que posteriormente le serán útil a la hora de
emprender su campaña hacia la capital. Cuando
definitivamente parte en esa campaña, deja a su hermano
Celestino, encargado de la responsabilidad del Estado y de que no se
olvide del pago a los músicos de la banda.
Cuando se celebró el Centenario del Nacimiento del
Libertador, Castro era jefe civil del Distrito Bolívar, y se
realizaron unos actos, entre ellos la erección de El
Obelisco de San Antonio. Uno de los contribuyentes fue el propio
Cipriano, como empleado municipal y colaboró con 25 pesos.
El otro de los personajes que dirigía las festividades era
Juan Vicente Gómez.
No cabe duda, de que esa posición tan nacionalista de Castro
le viene de su sensibilidad artística, de su cultura y gran
apego por su tierra. Con esa sensibilidad se incorpora a los
ejércitos que comandaba Sacramento Velasco, de Capacho;
allí lo acompaña otro excelente soldado llamado
Buenaventura Macabeo Maldonado. Castro es simplemente para esa
época, con 21 años de edad, de finales de la
década de los setenta, un coronel de montoneras. En una de
esas escaramuzas que se dan, llega a triunfar sobre Espíritu
Santos Morales, su archienemigo, posteriormente reivindicado, en un
periódico llamado Pío Gil, publicado en San
Cristóbal en 1936 y que dirigía el doctor
José Ramón Rangel, el padre de Domingo Alberto
Rangel. En tres distintas oportunidades, Castro vence a
Espíritu Santos Morales.
Castro formaba parte de un grupo que chocaba con la sociedad civil
pujante de San Cristóbal, de fines del XIX. No es de los que
participan de las empresas y de ese impulso liberal como el Ferrocarril
del Táchira, el Teatro Garbiras, lo que después
fueron el Club Táchira y el Salón de Lectura y la
Banda Sucre. Castro fue un empleado de la Botica Alemana, en los
años en que se viene fracasado (porque no termina los
estudios) del Seminario de Pamplona. Debieron ser éstos los
años claves de su aprendizaje: cuando adquiere un rigor
prusiano, y una admiración por el estilo de vida que hacen
los comerciantes alemanes en San Cristóbal. Estilo que
imperó en el ornato, y en la difusión de toda una
cultura. Porque el período de Castro en Cúcuta,
exiliado, del fracaso de la revolución legalista, no ha sido
estudiado; son esos años que van del 1892 a 1899.
Castro se hacía pasar por liberal pero se nutría,
para llevar adelante su causa, de unos artículos
interesantes que escribía Pedro María Morantes
(el famoso Pío Gil), titulados
“Andinismos”, en los que se buscaba la
separación del Táchira del Gran Estado Los Andes.
Entonces en lo político se vivía una
época de gran anarquía, masacres, asesinatos sin
culpables.
Para 1897, Castro era el hombre de mayor prestigio del
Táchira. Y los tachirenses buscaron en él al
héroe que los vengara de muchas humillaciones sufridas y que
no habían podido ejecutar ni Juan Pablo Peñaloza
ni Obdulio Cacique. Pero todo este proceso que acaba llevando a cabo
Castro, en lo concerniente al Táchira, produjo un gran
retroceso, porque cuando la sociedad civil estaba comenzando a
motorizar por sí misma los grandes cambios, vino el Estado y
se convirtió en un descomunal aparato dadivoso. Todo el
mundo esperaba una ayuda del Estado, y así fue con la casa y
la banda municipal, con las compañías de
zarzuela, con todo.
Una vez que Castro toma el poder nacional quiere una Constituyente para
todo: asambleas constituyentes para los estados y hacer constituciones
en cada estado y, claro, elaborar una revolucionaria
Constitución nacional. Comienza con un equipo de
jóvenes que no pasaban de los 35 años, de modo
que se perfilaba como un plan diseñado para gobernar unos
cuarenta años.
Para la exposición del Táchira del año
de 1906, inaugurada por Zoila, la esposa de Cipriano, se muestra por
primera vez a todo el ambiente cultural de la época y la
banda que amenizaba los conciertos era la “Banda
Castro”. Fueron ritos de exaltaciones al valiente Castro:
valses, bambucos, marchas de Alejandro Fernández, de
infinidad de compositores venezolanos que escribieron loas musicales al
hombre victorioso. Hay valses cuyas partituras hoy se conocen:
“Siempre Invicto”, “A la
Victoria”, “Zoila”, etc. Los
músicos tachirenses han sido dados a componer cantos a sus
gobernantes, al único que casi no le escribieron fue al
general Gómez, sin embargo un músico que luego
fue hecho preso en la Rotunda, y murió bajo la tortura del
gobierno de este tirano, José María Rivera,
escribió: “Marcha Homenaje al General Eustoquio
Gómez”.
E gobierno de Castro es el primero en poner orden en el
Táchira, en lo social y jurídico, en el
establecimiento de las instituciones políticas, como
presidente de Venezuela, mandando a través de sus familiares.
Intelectuales y políticos como Vargas Vila, José
Federico Bazó, Teodocio Belandia Sánchez
(ingeniero bogotano, masón) y Rafael
Núñez, ejercieron gran influencia en
él. Vargas Vila vivió en el Táchira.
Por influencia de estos colombianos Castro acaba haciéndose
anticlerical.
Pedro María Morantes fue uno de los redactores de la idea
Restauradora, en un periódico que se publicaba en San
Cristóbal y que lo dirigían Lucio
Valdés y Eligio Constantino Guerrero quien luego fue
Procurador del Estado. Este último fue un personaje clave de
Castro que luego pasa a servirle a Gómez. Entre los
políticos tachirenses de esa época surgieron
mucho traidores. Puede decirse que casi todos los
“restauradores” se volvieron
“rehabilitadotes”.
En Caracas, Castro se deja embeber en ese ambiente de zarzuelas y de
compañías, de opereta y cupletistas: Eso
acabó siendo su perdición. Encargado de
la Presidencia, Castro no ejecutó más, pero
siempre estaba pendiente de la música. Es más, el
valse de Vicente Cedeño “Castro en
Margarita”, tenía el nombre de una novia de
Vicente con la cual él se había peleado; pero
cuando Castro va a Margarita, y oye el valse, le dice: “Oiga
ese es un valse con introducción tres partes, dos menores,
una mayor y una coda”. Y le pregunta a Vicente:
“¿Y cómo se llama el valse?”,
y es cuando él decide responderle: “Castro en
Margarita”.
La invasión del oligarca Manuel Antonio Matos contra Castro,
viene siendo una copia exacta de la guerra también mundial
contra el Presidente Hugo Chávez. Como veremos,
sólo dos Presidentes nacionalistas tuvo Venezuela entre ese
largo período que va de 1830 y 1998: Cipriano Castro e
Isaías Medina Angarita
En esa campaña atroz que se le hizo en Estados Unidos
caricaturizando a Castro como un asqueroso mono es idéntica
a la que se diseña cuando con Chávez
tildándole de macaco balbuceante.
La gran diferencia fue que Chávez no se ha dejado atrapar
por la vieja burguesía, ni ha sido presa fácil de
las hembras, lo que más perdió a Castro. Cuando
los grandes poderes internacionales consiguieron desacreditar a Castro,
entonces ledieron “el tiro en la nuca”. El
Departamento de Estado se buscó a Gómez y lo
atornilló en el poder, para así mejor robar y
estafar a Venezuela. Entonces fuimos durante más de cuatro
lustros, el mayor paraíso de América Latina para
los inversionistas extranjeros. Hay que reivindicar la figura de
Cipriano Castro, despojarla de los horribles trajes con que nos los
pintó la gran prensa internacional, y porque
además el Castro que los venezolanos conocemos ha sido
tendenciosamente manipulado por intelectuales como Enríque
Bernardo Núñez, Mariano Picón Salas y
el propio Pío Gil, como el resto de la élite
intelectual y académica que le aduló
miseablemente a Gómez.
Notas:
[1] Todos estos datos sobre Castro, casi desconocidos se los debo al
Dr. Luis Hernández Contreras, en una entrevista que
concedió en el año 2000, y que fue publicada en
el semanario La Razón.
[2] Ut supra...
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