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“Quien hoy día quiera combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad debe superar al menos cinco dificultades. Debe tener el valor para escribir la verdad, aunque se reprime en todas partes; la inteligencia para descubrirla, aunque en todas partes se oculta; el arte para manejarla como un arma; el juicio para elegir a aquéllos en cuyas manos sea efectiva; la astucia para difundirla entre éstos. Estas dificultades son grandes para quienes escriben bajo el fascismo, pero también existen para los que sufren persecución o huyen, e incluso para los que escriben en los países de la supuesta libertad burguesa.” Bertold Brecht |
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La duda como método científico o el error del ateísmo de algunos marxistas |
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Fuente: rebelion.org
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lunes, 03 de septiembre de 2007 |
Jorge Luis Rojas D'Onofrio [Rebelión].
Nuestra voluntad debe basarse en una ideología susceptible a
cambios y
no en una doctrina inmutable. En la política, la
búsqueda de un sistema
de gobierno con la mayor suma de felicidad posible, debe pasar por el
desarrollo científico de un sistema de creencias en el cual
basar la
acciones de gobierno, es decir, una ideología en constante
cambio (en
el sentido de ampliación y filtrado). *
“La duda es
uno de los nombres de la inteligencia”, Jorge Luis Borges
La evolución
Este texto basa sus argumentos en la validez de la teoría de
la Síntesis Evolutiva Moderna, basada en la
teoría de la evolución postulada por Charles
Darwin. Esta teoría, aceptada mayoritariamente por la
comunidad científica, está respaldada por un
sinnúmero de pruebas tanto fósiles como vivientes
e incluso informáticas (algoritmos genéticos). La
teoría consiste en explicar las características
actuales de los seres vivos a partir de cambios producidos en su
código genético debido principalmente a
mutaciones, esto es, cambios en la estructura química de la
molécula que contiene la información codificada
de las características intrínsecas de un ser
vivo, el ADN. Si bien estas mutaciones ocurren de manera aleatoria, y
la mayoría conduce a cambios irrelevantes o
dañinos para el individuo, algunas de ellas conducen a
cambios que permiten al ser vivo adaptarse de mejor manera (que sus
padres) a su medio ambiente y por lo tanto tener más
probabilidades de sobrevivir y reproducirse. Al reproducirse, el cambio
en su código genético es adquirido
también por sus descendientes. La evolución en
este sentido no debería ser vista como un cambio
“positivo” orientado a
“perfeccionar” a las especies, sino simplemente
como cambios que tienen como consecuencia una mejor
adaptación de los seres vivos a su medio ambiente,
permitiendo la supervivencia de su código
genético, y por lo tanto de sus características
intrínsecas. Esta teoría permite explicar entre
otras cosas la adaptación de las especies a su medio
ambiente, el parecido entre especies separadas
geográficamente pero que viven en medios ambientes
similares, así como la diferencia existente entre especies
que coexisten en el mismo medio ambiente, el parecido entre padres e
hijos, la existencia en una especie de características sin
utilidad aparente pero que pueden ser remanentes de
características que fueron útiles a los
antecesores de dicha especie (remanentes de “patas”
en algunas serpientes, órganos vestigiales en seres humanos
como muelas cordales, apéndice), características
comunes a todas las especies (estructura celular, código
genético), existencia de fósiles en los que se
puede apreciar una cadena evolutiva (puede encontrarse una
sucesión de cambios que evidencian la relación
entre dos especies con características bastante distintas).
Evoluciones actuales pueden ser observadas, tales como la
aparición de gran variedad de formas y colores en ciertas
especies como perros, gatos, zorros y otros animales cuando dichas
especies son extraídas de su medio ambiente natural, el
aumento en la resistencia de bacterias a los antibióticos.
Los algoritmos genéticos han probado que es posible
desarrollar formas muy complejas y adaptadas a su ambiente a
través de la generación aleatoria de cambios,
permitiendo el desarrollo de aparatos (antenas por ejemplos) y
programas informáticos mediante el mismo tipo de
evolución. Creyendo haber mostrado en la medida de lo
posible (en estas breves líneas) la validez de esta
Teoría, hacemos la suposición, nada descabellada,
de que la especie humana, como cualquier otra especie,
desarrolló sus características
intrínsecas mediante el mismo mecanismo de
adaptación a su ambiente.
Mientras las creencias de los seres humanos han variado enormemente a
lo largo de nuestra existencia como especie, nuestra moral y nuestros
sentimientos han permanecido cuasi intactos. Los celos, el
cariño, la venganza, la compasión, sentimientos
existentes en la mayoría de las personas de la actualidad,
pueden encontrarse tanto en la mitología griega como en los
relatos de la religión yoruba, desde las fábulas
chinas hasta las obras de Shakespeare, de los libros budistas a la
Biblia. Es probable que dicha diferencia entre creencias y sentimientos
radique en el origen mnemónico de las primeras y
genético de los segundos. Todas las religiones y
legislaciones del mundo condenan, en mayor o menor grado, el asesinato,
el robo y la mentira. En su “Origen y Evolución de
la Moral”, Piotr Kropotkin realiza una explicación
evolutiva de la moral humana concluyendo que nuestra moral no es sino
un mecanismo más de adaptación al medio ambiente,
confrontando de forma directa, pero completamente lógica, la
creencia en una moral sobrenatural, la moral promulgada por la
mayoría de las religiones.
A diferencia de los sentimientos y de la moral, nuestras creencias se
van formando conforme nuestra memoria va almacenando la
información proveniente de nuestros sentidos y pensamientos.
Nuestras creencias no sólo se amplían conforme
acumulamos información en nuestra memoria, sino que
además pueden ser modificadas radicalmente (hasta sus
raíces) de acuerdo al principio de no
contradicción.
Sistema de creencias
David Hume pudo notar que muchas de nuestras creencias surgen de un
proceso que él denominó inducción.
Este proceso consiste en suponer que un suceso ocurrido en el pasado se
repetirá en el futuro si las circunstancias son las mismas.
Una verdad particular es elevada al rango de verdad general. Por
ejemplo, si uno observa un perro que ladra, uno puede concluir por
inducción que todos los perros ladran. Este proceso de
formación de creencias es muy útil para nuestra
especie en términos evolutivos (supervivencia y
reproducción), tanto en épocas tempranas de su
existencia como en la actualidad. Una persona al observar en cierta
ocasión el temor que producía el fuego a un
animal, concluyó (por inducción) que el fuego
podría ser utilizado para ahuyentar a cualquier bestia. De
igual forma, una persona al observar la relación que
había entre la crecida del río y la forma de la
Luna, concluyó que al volver a estar la Luna de la misma
forma se produciría la misma crecida del río, y
así se pudo hacer una planificación exitosa de
las actividades agrícolas. La inducción es
también la base para el establecimiento de leyes
científicas, que no son otra cosa que suponer la existencia
de una verdad general, a partir de un gran número de
verdades particulares (experimentos, observaciones). A partir de
innumerables observaciones los científicos concluyeron que
una masa era atraída por otra con una fuerza proporcional al
producto de las masas e inversamente proporcional al cuadrado de la
distancia que las separa. Sin embargo las suposiciones hechas a partir
de la inducción frecuentemente entran en
contradicción con observaciones posteriores. Al observar la
presencia de una quebrada en determinado lugar, una persona puede hacer
la suposición de que en dicho lugar puede encontrar agua
siempre. Pero al pasar los meses, la quebrada se seca, y la
suposición hecha con anterioridad entra en
contradicción con la observación. Entonces el
sistema de creencias antiguo (en tal lugar puede encontrarse agua) es
modificado radicalmente (en tal lugar no siempre puede encontrarse
agua). Repetidas observaciones pueden dar una idea mucho más
precisa de la realidad (en tal lugar puede encontrarse agua en
determinada época del año). Como vemos, la
inducción es muy útil, pero es mucho
más útil cuando es “filtrada”
por el principio de no contradicción. Este principio, que
todos los seres humanos utilizamos en nuestros razonamientos, fue
descrito por Aristóteles (“algo no puede ser y no
ser al mismo tiempo”) y es para muchos la base del
razonamiento científico y matemático. Pero no se
debe olvidar que más básicas aún son
las suposiciones hechas a partir de la inducción. La
estrategia más efectiva entonces consiste en hacer
suposiciones a partir de la experiencia, pero modificarlas conforme
nuevas informaciones son incorporadas y confrontadas con dichas
suposiciones. Este funcionamiento de nuestro sistema de creencias es
también común entre los animales con suficiente
memoria, mamíferos por ejemplo. Un perro o un gato al
recibir comida de una persona, concluye por inducción que
esa persona siempre le proveerá comida, hasta que repetidas
experiencias le hacen modificar su sistema de creencias, llegando a la
conclusión, por ejemplo, de que esa persona le
brindará alimento pero sólo a determinada hora
del día. La ciencia es un sistema de creencias que trabaja
de la misma manera, estableciendo leyes a partir de la
inducción, y modificándolas conforme nuevas
observaciones y experimentos arrojan resultados que no cumplen con
ellas. Las leyes de la mecánica clásica de Newton
fueron consideradas verdades generales mientras las observaciones
astronómicas cumplían dichas leyes, hasta que
resultados que las contradijeron dieron paso a la aceptación
de las leyes relativistas de Einstein. Similar fue el cambio dado al
sistema de creencias con la aceptación de la
física cuántica. Las religiones, siendo un
sistema de creencias, no escaparon en un principio a esta
metodología. Alguien al observar cómo se formaban
gotas del llanto de las personas concluía, a partir de esta
verdad particular, que todas las gotas eran producto del llanto de
alguna persona, por lo que deducía que la lluvia, al estar
compuesta de gotas, era también el llanto de
algún ser. Así se daba origen a la creencia en un
dios que producía la lluvia al llorar. Una persona al
observar cómo un martillo producía un ruido grave
y fuerte al golpear una roca, podía concluir que un trueno
era también producido por el golpe de un martillo. Estas
creencias (la mayoría de las personas actualmente las
calificarían de mitos) no son otra cosa que el resultado
lógico del razonamiento humano para una persona con
información insuficiente. Al observar, por ejemplo, la
formación de gotas a partir de vapor de agua, la misma
persona que le atribuía la lluvia al llanto de un dios
podría llegar a la conclusión de que es la
condensación del vapor la causa de la lluvia y no el llanto
de un ser. Estos mitos pueden incluso encontrarse en el sistema de
creencias de los niños, quienes llegan a las mismas
conclusiones que los adultos del pasado, ya que ambos carecen de
información suficiente. ¿Pero cómo
explicar que muchos mitos que han sido desmentidos por la evidencia
(observaciones, experimentos) subsistan en el sistema de creencias
actual de las personas?
Conservadurismo
Se debe notar que este proceso de formación del sistema de
creencias es efectivo mientras la observación y la memoria
cercana sean confiables, es decir, mientras nuestros sentidos y nuestra
mente funcionen correctamente. En caso contrario es más
efectivo aferrarse al sistema de creencias desarrollado mientras
nuestros sentidos y nuestra mente tenían altas
probabilidades de funcionar correctamente. Es posible entonces que el
conservadurismo de las personas más ancianas (con memoria
cercana y sentidos deficientes) y la innovación de los
jóvenes (con memoria cercana y sentidos en
óptimas condiciones) sea producto de una estrategia
desarrollada en nuestra especie de manera evolutiva para mantener un
sistema de creencias útil con respecto a la
satisfacción de nuestras necesidades. Esto podría
explicar algunos casos de resistencia al cambio del sistema de
creencias.
Sistema Social de
Creencias
Las personas, con un tiempo de vida y una capacidad
mnemónica limitada, no pueden desarrollar por sí
solas un sistema de creencias suficientemente complejo como para
satisfacer sus necesidades de supervivencia y reproducción,
es decir, suficientemente complejo como para que les sea
útil. Es por esto que las personas utilizan la
comunicación con otros individuos para adquirir elementos
del sistema de creencias de estos individuos, por lo que el sistema de
creencias de los individuos de una sociedad es en realidad producto de
la suma de experiencias, observaciones y pensamientos de muchos
individuos a lo largo de su historia. A partir de esto podemos hablar
de un sistema social de creencias, o sistema de creencias de una
sociedad. De esta forma es que los seres humanos adquirimos la cultura,
conocimientos y creencias de nuestros padres, profesores y conocidos.
El sistema social de creencias de nuestra especie tuvo un punto de
inflexión con la aparición de la escritura y
otras formas de registro. Esto permitió que el sistema de
creencias pudiera depender de registros más confiables que
la memoria de los individuos. De ahí que nuestro sistema de
creencias actual se basa en gran medida en la historia (entendida como
el período de tiempo comprendido entre la
aparición de la escritura y la actualidad) más
que en la prehistoria.
En un sistema social de creencias la cantidad de información
que no puede ser comprobada directamente por la observación
o la experimentación puede ser de enormes proporciones.
Entonces los individuos confían en gran cantidad de
informaciones sin comprobación directa utilizando la
noción de credibilidad. Esta noción de
credibilidad está basada también en un
razonamiento inductivo: si una fuente de información fue
correcta en el pasado (comprobada por la evidencia) entonces
también será correcta en el futuro. Si en
algún momento la evidencia contradice a cierta fuente de
información, su credibilidad disminuye y será
posiblemente descartada del sistema de creencias social.
De esto podemos entonces concluir que si un mito perdura en el sistema
de creencias de una sociedad es debido primero a la falta de
información proveniente directamente de la experiencia, y
segundo a la mayor credibilidad de la fuente de información
de la cual proviene el mito que de la fuente que lo desmiente. A pesar
de que esto, aunado al conservadurismo, podría explicar la
persistencia de mitos (definidos como creencias que pueden ser
desmentidas en la práctica por la experiencia) en un sistema
de creencias, existen ejemplos en los que individuos pueden aferrarse a
una creencia así existan numerosas evidencias en su contra.
La búsqueda de
la felicidad
Los seres humanos poseemos un conjunto de sensaciones o sentimientos
agradables y desagradables que permiten definir la noción de
felicidad. La felicidad se consigue aumentando la cantidad e intensidad
de sensaciones agradables y disminuyendo la cantidad e intensidad de
las sensaciones desagradables. La moral y los sentimientos
están íntimamente relacionados con esta
noción de felicidad. La felicidad influye enormemente en
nuestro comportamiento y preguntándonos la causa de cada uno
de nuestros actos, recaemos generalmente en la búsqueda de
felicidad como causa primigenia. Probablemente la felicidad es
también un instrumento de supervivencia y
reproducción moldeado por la evolución. Es
fácilmente comprobable que los sucesos que nos hacen felices
son también los que nos aseguran nuestra supervivencia y
reproducción como especie. Comer, dormir, tener relaciones
sexuales, tener amigos, son sucesos que ayudan a nuestra supervivencia
y reproducción y nos producen felicidad, al contrario de la
enfermedad, la muerte, el hambre, la sed, el dolor, la soledad. Es muy
probable que una noción similar a la felicidad exista en
muchos animales. Es importante resaltar que nuestra
reproducción y supervivencia es imposible, en la
práctica, de manera individual, aislada. Es como grupo, como
sociedad, que se desarrolló nuestra especie, así
como muchas especies animales, por lo que nuestra felicidad es un
mecanismo que sirve no sólo para asegurar la supervivencia y
reproducción del individuo sino también del resto
de los individuos de nuestra sociedad. De ahí podemos
explicar los sentimientos altruistas y nuestra noción de la
moral. Es la moral desarrollada de forma evolutiva (Kropotkin) la que
margina a los individuos dañinos al grupo, individuos
dañinos a la sociedad, es decir, antisociales. Un asesino,
por ejemplo, es marginado por la sociedad (ya sea aprisionado,
ajusticiado o exilado) ya que representa un elemento que atenta contra
la supervivencia y reproducción del grupo. La existencia de
acciones (y muy posiblemente sentimientos) altruistas y la
marginación de individuos antisociales, es
también común en animales sociales.
La felicidad influye también en nuestro sistema de creencias
y viceversa. Nuestra voluntad no es otra cosa que el conjunto de
acciones cuya consecuencia, previsible a partir de nuestro sistema de
creencias, es aumentar nuestra felicidad. Pero si nuestra felicidad se
ve afectada directamente por nuestro sistema de creencias, entonces es
posible que el mecanismo de ampliación y filtrado se vea
atascado en su funcionamiento. Es decir, si a una persona por ejemplo,
le produce un sufrimiento intenso la muerte de un familiar, es posible
que no admita este hecho en su sistema de creencias (ya sea negando el
suceso, ya sea admitiendo la creencia de un vida después de
la muerte). Se produce el mecanismo psicológico de la
negación, que puede ir de la terquedad a la
disociación dependiendo de su intensidad. Es posible
evidenciar que muchas creencias que podrían ser consideradas
mitos y que perduran sin evidencias que las respalden o que incluso las
contradicen, son también creencias que de un modo u otro
parecen aumentar la felicidad o disminuir el sufrimiento de los
creyentes, muchas veces alimentado temores y miedos para que los
creyentes no intenten dudar de ellas.
Conclusiones
Los argumentos de este texto desembocan en unas pocas conclusiones. La
primera es resaltar el hecho de que todas nuestras creencias provienen
de un proceso que basa su funcionamiento en premisas inciertas,
producto de un número finito de experiencias (observadas a
través de sentidos imperfectos y registradas en una memoria
imperfecta) y por lo tanto susceptibles a errores. A pesar de lo
desconcertante que pueda parecer esto, se trata simplemente de la
única forma que tiene nuestra mente consciente para
funcionar y es de esa manera que ha funcionado desde que existimos como
seres con memoria. Es entonces completamente ilógico estar
seguro de algo. Un sistema de creencias debe ser visto no como el
conjunto de creencias de las que estamos seguros, sino como el conjunto
de creencias suficientemente confiables como para realizar acciones
basándonos en ellas. El error del ateísmo de
algunos marxistas es negar la existencia de un dios con la misma
contundencia con la que los teístas afirman su existencia.
Un científico (que no es más que una persona con
abundante información empírica que busca a
través de ésta ampliar y filtrar su sistema de
creencias) no debe negar la existencia de un dios, sino simplemente
descartarlo del sistema de creencias mientras su existencia no sea lo
suficientemente confiable como para realizar acciones a partir de ella,
e incluirlo en el sistema de creencias si en algún momento
existe evidencia de su existencia lo suficientemente confiable como
para realizar acciones a partir de ella. Un científico no
debe negar ni afirmar nada de manera absoluta, la duda debe ser su
metodología.
Sin embargo esto no implica que las acciones de los
científicos, y de las personas en general, deban reducirse
ha actos tímidos y vacilantes. El pensamiento
científico que es más útil para
nuestra felicidad es aquel que permite moldear nuestro sistema de
creencias a partir de nuestras observaciones y nuestra
lógica, dudando constantemente de dicho sistema, y
modificándolo sin temor a disminuir nuestra felicidad. Pero
nuestras acciones, una vez escogidas a partir del sistema de creencias,
por supuesto que deben ser contundentes, ya que dicha contundencia es
beneficiosa de dos maneras diferentes: ya sea obteniendo una mayor
felicidad en caso de que nuestro sistema de creencias sea
suficientemente acorde con la realidad; ya sea en perjuicio de nuestra
felicidad inmediata, en caso de que nuestro sistema no sea
suficientemente acorde con la realidad, pero permitiendo la
actualización de dicho sistema y mejorando entonces nuestras
probabilidades de conseguir felicidad en un futuro. La segunda
conclusión entonces toma la forma de un llamado a ser
consecuentes con nuestro sistema de creencias, así sea
éste irremediablemente imperfecto (aunque mejorable).
Dudemos al momento de creer, no dudemos al momento actuar.
Nuestra voluntad debe basarse en una ideología susceptible a
cambios y no en una doctrina inmutable. En la política, la
búsqueda de un sistema de gobierno con la mayor suma de
felicidad posible, debe pasar por el desarrollo científico
de un sistema de creencias en el cual basar la acciones de gobierno, es
decir, una ideología en constante cambio (en el sentido de
ampliación y filtrado).
“Sin ciencia
no hay Socialismo del Siglo XXI”, Raúl
Isaías Baduel
* Para verificar la coherencia de este texto es importante resaltar que
las referencias citadas, (Darwin, Kropotkin, Hume,
Aristóteles) forman parte del sistema de creencias del autor
debido a la existencia de evidencia empírica, de fuentes
creíbles y a la coherencia entre ellas, pero que en
ningún momento deben ser vistas, como tampoco debe ser visto
este ensayo, como creencias absolutas.
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