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Petróleo y alimentos: La lógica capitalista de la hambruna mundial |
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Fuente: iarnoticias.com
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miércoles, 11 de junio de 2008 |

Por Manuel Freytas [IAR Noticias].
El
túnel de la catástrofe social
Fuera de la orbita del control estatal de los gobiernos, los recursos
esenciales para la supervivencia quedaron supeditados a la
lógica de rentabilidad capitalista de un puñado
de corporaciones trasnacionales (con capacidad informática,
financiera y tecnológica) que los controlan a nivel global,
y con protección militar-nuclear de EEUU y las
superpotencias.
En ese escenario, la producción y
comercialización mundial de petróleo y alimentos
no está supeditada a la lógica del "bien social",
sino a la más cruda lógica de la rentabilidad
capitalista.
Informe
especial
Según la FAO, diez corporaciones trasnacionales controlan
actualmente el 80% del comercio mundial de los alimentos
básicos, y similar número de mega empresas
controlan el mercado internacional del petróleo, de cuyo
impulso especulativo se nutre el proceso inflacionario causal de la
hambruna que ya se extiende por todo el planeta.
Entre los primeros pulpos que controlan los mercados
energéticos (y consecuentemente fijan los precios del
petróleo) a escala global , se encuentran los gigantes
British Petroleum (BP), Exxon Mobil, Chevron-Texaco, y Royal Dutch
Shell.
Entre los primeros pulpos trasnacionales de la alimentación,
se encuentran la empresa suiza Nestlé SA., la francesa
Groupe Danone SA. y la Monsanto Co., que lideran mundialmente la
comercialización de alimentos y que, además de
controlar la comercialización y las fuentes de
producción, poseen todos los derechos a escala
global sobre semillas e insumos agrícolas.
Estas trasnacionales, que hegemonizan su rubro a escala
mundial, son las principales beneficiarias del aumento del
precio y de la demanda global de petróleo, alimentos y
granos en momentos en los que los suministros apenas satisfacen la
demanda.
Detrás de este fabuloso negocio con los recursos esenciales
para la supervivencia humana, se encuentran los principales bancos y
grupos financieras de Wall Street, que juegan un rol determinante en la
especulación en los mercados energéticos
y de materias primas que impulsan la actual escalada de los
precios.
De esta manera, los pulpos petroleros y alimentarios, tercerizados por
la especulación financiera, fijan las reglas de juego y el
funcionamiento de los mercados de la energía y el
petróleo, que, junto con el agua (también
controlada por la trasnacionales) conforman los recursos esenciales
para la supervivencia de la humanidad.
En consecuencia, la suba de precios es el producto del comercio
capitalista monopólico y de la acción
especulativa en los principales mercados de materias primas, entre
cuyas herramientas financieras se encuentra el ICE [Intercontinental
Exchange] de Londres y las bolsas mercantiles de Nueva York y Chicago.
Según analistas especializados de Wall Street, un
60% del precio del petróleo crudo (hoy cotizado en US$ 135)
tiene como causal a la especulación en futuros no regulada
de fondos precisamente autodenominados "especulativos", bancos y grupos
financieros que utilizan las bolsas de futuros ICE de Londres y NYMEX
de Nueva York y el comercio inter-bancos.
En este tercer frente del negocio agro-energético (productor
directo de la hambruna y la inflación mundial) se
encuentran en primera línea Goldman Sach y Morgan Stanley,
súper-gigantes de la especulación financiera en
alta escala del capitalismo trasnacional sionista con asiento en Wall
Street.
En este escenario, los precios no se fijan solo por la
demanda del consumo, sino básicamente por las necesidades
comerciales y la demanda especulativa en los mercados
financieros agro-energéticos.
De manera tal, que cuando los analistas le echan exclusivamente la
culpa del alza de los precios a la reducción de la
producción y de la oferta están escondiendo la
especulación financiera como principal causal de
la escalada alimentaria y petrolera.
Este falso presupuesto (achacar la llamada "crisis
alimentaria" a la falta de producción) esconde a
su vez las maniobras capitalistas de reducción de costos y
maximización de ganancias que las corporaciones
multinacionales aplican sobre los mercados para vender menos
y ganar más.
En consecuencia, el proceso del alza de los precios y la
especulación financiera con el petróleo y los
alimentos causan inflación mundial y hambruna generalizada
en los países más pobres de la tierra, y
sobrepasan las capacidades de los gobiernos que dejan el control de sus
recursos esenciales en manos de las corporaciones multinacionales.
Dentro del modelo de economía globalizada de enclave, las
corporaciones petroleras, alimentarias y del agua, controlan (a
través de la privatización de la actividad
económica) todo el proceso de extracción,
producción y comercialización local e
internacional .
En resumen, controlados por las corporaciones trasnacionales, y
despojados de su condición de "bien social", el
petróleo y los alimentos se convierten en
mercancía capitalista con un valor fijado por la
especulación en el mercado,
convirtiéndose en la causa principal de las hambrunas y
conflictos sociales que ya empiezan a desarrollarse por todo el planeta.
Los
recursos esenciales en manos privadas
En la década del 90, la era del libre-mercado, se
destruyeron los Estados nacionales y se privatizó la
comercialización de sus recursos esenciales a favor de los
grupos trasnacionales superconcentrados que se apoderaron del control
de las estructuras económica productivas y del comercio
exterior de los Estados que quedaron despojados de su poder de
gerenciación sobre los mismos.
Al sacarlos de la órbita del control estatal, esos recursos
quedaron supeditados a la lógica de rentabilidad capitalista
de un puñado de corporaciones trasnacionales (con capacidad
informática, financiera y tecnológica) que los
controlan a nivel global, y con protección militar-nuclear
de EEUU y la superpotencias.
Gracias a las legislaciones de "apertura económica", "libre
mercado" y "privatizaciones" impulsadas en la década del
noventa por Washington (y gerenciadas por políticos
entreguistas elegidos en las urnas), en los países
dependientes ya no existen controles estatales, ni leyes financieras ni
legislaciones laborales que pongan barreras a la depredación
del capitalismo "sin fronteras" de los bancos y corporaciones
transnacionales, que han pasado a controlar el sistema
económico-productivo y los recursos naturales de esos
países a escala mundial.
La pertenencia "territorial" de estas corporaciones al Estado
norteamericano (donde generalmente se encuentran sus casas matrices)
les permite, protegidas por el poder militar del Imperio, operar con
total impunidad en sus gerencias de enclave extendidas a
través de todo el mundo dependiente.
De esta manera, la comercialización internacional de los
recursos esenciales para la supervivencia ya no se hace
atendiendo a las necesidades de las comunidades desde donde se extraen,
sino atendiendo a la lógica de la rentabilidad capitalista
de las corporaciones que los controlan.
Los niveles de producción ya no se realizan atendiendo a las
necesidades humanas de la población, sino atendiendo a las
necesidades del mercado y de la ganancia capitalista.
Despojados de su condición de "bien social" de
supervivencia, esos recursos se convierten en mercancía
capitalista con un valor fijado por la especulación en el
mercado, y los precios no se fijan solo por la demanda del
consumo masivo, sino básicamente por la demanda especulativa
en los mercados financieros y agro-energéticos.
Y los gobiernos, al no tener poder de gerenciación sobre sus
recursos agroenergéticos se convierten en títeres
de las corporaciones que los controlan y que se apoderan de la renta
del producido por el trabajo social de esos países.
Y como el capitalismo trasnacional (las corporaciones que controlan el
petróleo y los alimentos) solo produce para quien
está en capacidad de comprar esos productos, la
falta de poder adquisitivo de las mayorías empobrecidas del
planeta, lleva su vez a que las corporaciones reduzcan la
producción para achicar costos y preservar la rentabilidad
vendiendo menos pero más caro.
Por lo tanto, la baja en la producción de alimentos y
petróleo no es un fenómeno de la
"crisis", sino de un emergente de la búsqueda de
rentabilidad capitalista con achicamiento de la oferta de productos.
Se reduce la producción de alimentos y de
petróleo (con lo cual se encarece su precio por falta de
oferta) para ganar más reduciendo costos de
producción, cerrando de esta manera el circuito de la
rentabilidad capitalista que guía a los consorcios que
controlan las fuentes de producción y de
comercialización de esos productos esenciales para la
supervivencia humana.
La
lógica de la rentabilidad capitalista
El mundo atraviesa por una sobremanda de alimentos y de
petróleo que, a su vez, reproduce la rentabilidad de los
grupos que hegemonizan el poder sobre la producción y
comercialización, y sobre los mercados de la
especulación financiera de las materias primas.
De esta manera, a los pulpos petroleros y alimentarios no les interesa
producir más, sino ganar más produciendo lo mismo
con baja de costos de personal e infraestructura.
Y por más apelaciones que hagan las instituciones
"asistencialistas" del sistema capitalista como la ONU y la FAO (que
suceden a la caridad religiosa) las corporaciones capitalistas
transnacionales establecen su dinámica productiva a partir
de la relación costo-beneficio.
Esto es, y atendiendo a la lógica esencial que
guía el desarrollo histórico del
capitalismo, solo producen atendiendo a la ley de la
rentabilidad, a la ley del beneficio privado, y no atendiendo
a la lógica del beneficio social.
Por lo tanto, no hay "crisis alimentaria" (como sostienen la FAO, la
ONU, el Banco Mundial, y las organizaciones del capitalismo como el
G-8) sino un incremento de la hambruna mundial por la
especulación financiera y la búsqueda de
rentabilidad capitalista con el precio del petróleo y los
alimentos.
El control de las fuentes, de la producción, de la
comercialización internacional y de la masa de recursos
financieros emergentes por las corporaciones trasnacionales, tornan
impotentes a los gobiernos dependientes (sin poder de
gerenciación sobre esos recursos) para resolver los
problemas de la hambruna que aquejan a sus pueblos.
Por otra parte, los fondos que destinan la ONU, el Banco Mundial y
demás organizaciones del capitalismo trasnacional, son
mendrugos comparados con la ganancias multimillonarias de los pulpos
petroleros y de la alimentación y el crecimiento de las
fortunas personales de sus directivos y accionistas.
La última cumbre de la FAO, en Roma, sobre la crisis
alimentaria mundial, con la presencia de 50 Jefes de Estado y de
Gobierno, se cerró el jueves 5 de junio sin que se produjera
ningún acuerdo para instrumentar una solución
global.
Una de las propuestas principales de la cumbre consistió en
tratar de consensuar la prohibición de producir
biocombustible al costo de sacrificar la producción mundial
de alimentos.
También se propuso retirar los alimentos de la
órbita de la especulación bursátil e
impulsar una negociación directa del país
productor con el país consumidor.
Ambas propuestas dejaban a las corporaciones trasnacionales fuera de
juego, y por lo tanto, EEUU y la Unión Europea resolvieron
boicotear y hacer fracasar la cumbre de la FAO sobre la crisis
alimentaria mundial.
Los expertos son claros: No puede haber solución de la
hambruna mundial ni detención de las causas que la generan
(la suba del petróleo y los alimentos) si no se les quita a
las corporaciones trasnacionales el control de las fuentes de
producción y comercialización de esos recursos.
Y quien trate de quitarles el control de los recursos esenciales, antes
deberá derrotar al poder militar nuclear de EEUU y de las
potencias aliadas de la Unión Europea, gendarmes y
reaseguros políticos de las corporaciones capitalistas que
han convertido el planeta en una economía de enclave al
servicio de la rentabilidad privada.
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