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El protocolo de Bali: Otra pantomima |
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Fuente: argenpress.info
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martes, 11 de diciembre de 2007 |
Por Jaime Richart [argenpress.info].
¿A
quién engañan los que se reunieron en Kioto y los
que se reúnen ahora en Bali?
El ultracapitalismo es la trampa definitiva de la que los
países occidetales no quieren pero tampoco pueden salir
ahora que el clima y la Naturaleza tocan a rebato. El comunismo
fracasó, y el fracaso lo vienen vitoreando desde el
Vaticano, el periodismo, los centros de formación
política y profesional de todos los países y
desde luego. la clase política y los Parlamentos.
Sin embargo el comunismo, el intervencionismo y el dirigismo de Estado
es lo único que hubiera podido salvar al mundo del desastre
que está destruyendo la biosfera, es decir, el
ámbito en que la vida tiene lugar. La
centralización del poder político y el
totalitarismo de Estado, el único remedio. El resultado
final, la destilación, gota a gota del capitalismo
industrial salvaje en el mundo, no se ha hecho esperar. No hay salida
al cambio climático. La enfermedad climática es
el verdugo que, a muerte lenta, segará la vida sobre el
planeta. Lo peor es que, sin haber tomado arte ni parte en el
cataclismo, las generaciones que están viniendo ahora al
mundo pagarán nuestra insesatez...
No dudo (o sí) de la mejor voluntad de sus participantes,
pero ellos saben muy bien que si el de Kioto no se ha cumplido ni de
lejos, los acuerdos de éste de Bali correrán la
misma suerte. ¿Qué les hace suponer que no
será así? ¿Qué ha cambiado
en la nula fuerza que no tienen los gobiernos para hacer cumplir los
acuerdos de los que se ríen las estructura industriales y
financieras de todas las naciones?
En el fondo es más práctico (y noble) no
firmarlos, como no firmó el de Kioto EEUU. ¿Para
qué signarlos si no hay voluntad ni posibilidades de
cumplirlo porque la libertad de mercado impera sobre las restricciones,
siempre burladas cuando así lo quieren por su potencial
económica, las corporaciones, holdings y emporios
industriales?
Lo mismo que una democracia no se construye con leyes sino por el
consenso y voluntad de los ciudadanos, la reducción o
eliminación de los gases contaminantes sólo se
consigue por el convencimiento de que el mundo civilizado se
vendrá abajo si no se cumplen los acuerdos. Y ese
convencimiento no existe, y si existe no puede más que la
avaricia. E incluso cumpliéndolos -se ha dicho- nos
encontramos en el punto de no retorno. ¿Qué
significa esto? Pues que aunque dejase de lanzarse dióxido
de carbono en este mismo instante, el clima no retornará a
algo parecido a su régimen anterior hasta pasados decenios o
siglos.
El Protocolo de Kioto de 11 diciembre 1997 lo ratificaron casi la
totalidad de los países, pero ninguno lo ha cumplido.
¿Por qué?, pues porque quienes gobiernan en
realidad el mundo no son los políticos que desfilan por las
sedes de los gobiernos, sino las industrias y sus consejos de
administración que son impersonales. Son corporaciones con
personalidad jurídica, pero no personas naturales.
Corporaciones que se suceden constantemente a sí mismas. Y
estas corporaciones no saben de efectos nocivos de sus productos, ni
directos ni colaterales. Ni las medidas legislativas impuestas para
atajar sus desmesuras son para ellas barreras insalvables. Pues
están capacitadas para soportar todas las sanciones
económicas imaginables, que siempre estarán muy
por debajo del monto de las pérdidas que les
produciría renunciar a su producción de
automóviles o de energía o de lo que sea
contaminante y propulsor de dióxido de carbono. Por otra
parte sus consejeros están blindados contra despidos, el 20%
de las empresas tiene más consejeros de los necesarios
(¿cuántos son necesarios?), la mayoría
de ellas (y cuanto más gigantescas peor) no revelan la
remuneración individual. Las remuneraciones sin
límite de los altos ejecutivos les ciegan de tal modo que
los efectos que sus desperdicios produzcan sobre el clima les resultan
risibles y despreciables. Mientras ellos naden en dinero,
¿qué puede importarles?
Esto es lo que decide la suerte del clima y del mundo. En principio
sólo del occidental, luego el del resto arrastrado por esta
esta hidra de mil cabezas que son las corporaciones y su comportamiento
insensible frente a la devastación. Métasenlo en
la cabeza los que van hoy a Bali, antes de discursear. Esos que acuden
a otro Protocolo que moviliza cuantiosos gastos y toneladas de
palabrería sobre acuerdos de los países
signatarios -sin hablar del principal, EEUU- que han cumplido el
anterior de Kioto ni van a cumplir tampoco éste. Albarda
sobre albarda. Ficción sobre ficción. Que la
solución no depende de estos Protocolos se le alcanza al
más común de los mortales.
Todo
consiste en:
A) Detener la deforestación imparable impidiendo talas y
evitando construir sobre terrenos incendiados.
B) Reducir drásticamente la automoción,
suprimiendo la de uso individual y dejando sólo la de uso
colectivo.
C) Abandonar el derroche de energía.
D) Sustituir inmediatamente la energía al uso por otras
energías renovables, la solar principalmente.
Pero verán ustedes que nada de eso se va a hacer, ni se
piensa hacer. Sólo si se hiciera, empezaríamos a
pensar que estos Protocolos no son una pantomima de envergadura
sideral.
Datos
oficiales:
a) A la deforestación se debe el 20% emisiones CO2 (Por cada
km de selva destruido se emite 22.000 toneladas de dióxido
de carbono).
b) En los 3 últimos años de la selva
amazónica se han arrasado 700.000 kms2.
c) Un estadounidense emite 20 tns de CO2 al año ,un
europeo,10, un chino, 3,5 y un etiope, 0,1).
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