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Reflexiones del compañero Fidel: Rafael Correa |
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Fuente: juventudrebelde.cu
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jueves, 06 de marzo de 2008 |
Tras recordar su encuentro y diálogo con el actual
presidente ecuatoriano Rafael Correa, meses antes de la
campaña electoral donde pensaba presentarse como candidato a
esa magistratura, Fidel Castro denuncia que el imperialismo acaba de
cometer un monstruoso crimen en esa nación. El
líder cubano sostiene que no puede aceptarse la
acción realizada con satélites y bombas yanquis,
pues sentaría un peligroso precedente, y afirma que Correa
tiene pruebas irrefutables para acusar al gobierno colombiano
Por Fidel Castro Ruz.
Fuente: Juventud Rebelde.
Recuerdo cuando nos visitó, meses antes de la
campaña electoral donde pensaba presentarse como candidato a
la Presidencia de Ecuador. Había sido Ministro de
Economía del gobierno de Alfredo Palacio, médico
cirujano con prestigio profesional, que también nos
había visitado en su condición de Vicepresidente,
antes de acceder a la presidencia, por situaciones imprevistas que se
dieron en Ecuador. Este había sido receptivo a un programa
de operaciones oftalmológicas que le ofrecimos como forma de
cooperación. Existían buenas relaciones entre
ambos gobiernos.
Correa, no hacía mucho, había renunciado al
Ministerio de Economía. Estaba inconforme con lo que
calificó de corrupción administrativa promovida
por Oxy, empresa extranjera que exploró e
invirtió importantes sumas, pero que se quedaba con cuatro
de cada cinco barriles de petróleo extraído. No
habló de nacionalizar, sino de cobrarle elevados impuestos
que asignaba de antemano a inversiones sociales pormenorizadas. Ya
había aprobado las medidas y un juez las declaró
válidas.
Como no mencionaba la palabra nacionalizar, pensé que
experimentaba temor al concepto. No me extrañaba, porque era
economista graduado con grandes reconocimientos por una conocida
universidad de Estados Unidos. No me ocupé mucho en
profundizar, lo acosaba con preguntas del arsenal acumulado en la lucha
contra la deuda externa de América Latina en 1985 y de la
propia experiencia cubana.
Existen inversiones de riesgo sumamente altas y de sofisticada
tecnología, que ningún país
pequeño como Cuba y Ecuador podría asumir.
Como estábamos ya en el año 2006 decididos a
impulsar la revolución energética, que fuimos el
primer país del planeta en proclamar como
cuestión vital para la humanidad, le había
abordado el tema con especial énfasis. Me detuve,
había comprendido una de sus razones.
Le conté la conversación que hacía
poco había sostenido con el presidente de la empresa
española REPSOL. La misma, asociada a otras empresas
internacionales, acometería una operación costosa
para perforar en el fondo del mar, a más de 2 000 metros de
profundidad, con empleo de sofisticadas tecnologías, dentro
de las aguas jurisdiccionales de Cuba. Dije al jefe de la empresa
española: ¿Cuánto vale un pozo
exploratorio? Le hago la pregunta porque queremos participar aunque sea
en el uno por ciento del costo, deseamos saber lo que ustedes quieren
hacer con nuestro petróleo.
Correa, por su parte, me había contado que de cada cien
dólares que extraían las
compañías, solamente veinte iban para el
país; ni siquiera entraban en el presupuesto,
expresó, se dejaban en un fondo aparte para cualquier cosa
menos para mejorar las condiciones de vida del pueblo.
Yo derogué el fondo, me dijo, y asigné 40 por
ciento para educación y salud, desarrollo
tecnológico y vial, el resto para recomprar la deuda si el
precio de la misma nos favorecía, o de lo contrario
invertirlo en otra cosa más útil. Antes
teníamos que comprar cada año una parte de esa
deuda que se encarecía.
En el caso del Ecuador ―me añadió― la
política petrolera rayaba en traición a la
patria. ¿Por qué lo hacen?, le pregunto.
¿Por miedo a los yanquis o presión insoportable?
Me responde: Si tienen un Ministro de Economía que les dice
que privatizando mejora la eficiencia, usted puede imaginarse. Yo no
hice eso.
Lo estimulo a seguir y me explica con calma. La
compañía extranjera Oxy es una empresa que ha
roto su contrato y de acuerdo con la ley ecuatoriana se requiere la
caducidad. Significa que el campo operado por esa empresa tiene que
pasar al Estado, pero por presiones de los yanquis el gobierno no se
atreve a ocuparlo, se crea una situación no contemplada por
la legislación. La ley dice caducidad y nada más.
El juez de primera instancia, que era presidente de PETROECUADOR, lo
hizo así. Yo era miembro de PETROECUADOR y nos llamaron de
urgencia a una reunión para expulsarlo del cargo. Yo no
asistí y no pudieron despedirlo. El juez declaró
la caducidad.
¿Qué querían los yanquis?, pregunto.
Querían una multa, explica él rápido.
Escuchándolo comprendí que lo había
subestimado.
Yo estaba apurado por multitud de compromisos. Lo invité a
presenciar el encuentro con un numeroso grupo de profesionales cubanos
altamente calificados que partirían para Bolivia, a fin de
integrarse a la Brigada Médica; esta cuenta con personal
para más de 30 hospitales, entre otras actividades 19
posiciones quirúrgicas que pueden realizar más de
130 mil operaciones oftalmológicas por año; todo
bajo forma de cooperación gratuita. Ecuador dispone de tres
centros similares con seis posiciones oftalmológicas.
La cena con el economista ecuatoriano fue ya entrada la madrugada del 9
de febrero de 2006. Apenas hubo puntos de vista que yo no abordara. Le
hablé hasta del mercurio tan dañino que las
industrias modernas esparcen por los mares del planeta. El consumismo
fue por supuesto un tema enfatizado por mí; el alto costo
del kiloWatt/hora en las termoeléctricas; las diferencias
entre las formas de distribución socialista y comunista, el
papel del dinero, el millón de millones que se gasta en
publicidad sufragado forzosamente por los pueblos en los precios de las
mercancías, y los estudios realizados por brigadas sociales
universitarias que descubrieron, entre los 500 mil núcleos
de la capital, el número de personas ancianas que
vivían solas. Expliqué la etapa de
universalización de los estudios universitarios en que
estábamos envueltos.
Quedamos muy amigos, aunque tal vez se llevara la imagen de que yo era
autosuficiente. Si eso ocurrió, fue realmente involuntario
por mi parte.
Desde entonces observé cada uno de sus pasos: proceso
electoral, enfoque de los problemas concretos de los ecuatorianos, y
victoria popular sobre la oligarquía.
En la historia de ambos pueblos hay muchas cosas que nos unen. Sucre
fue siempre una figura extraordinariamente admirada junto a la de El
Libertador Bolívar, quien para Martí, lo que no
hizo en América está por hacer
todavía, y como exclamó Neruda, despierta cada
cien años.
El imperialismo acaba de cometer un monstruoso crimen en Ecuador.
Bombas mortíferas fueron lanzadas en la madrugada contra un
grupo de hombres y mujeres que, casi sin excepción,
dormían. Eso se deduce de todos los partes oficiales
emitidos desde el primer instante. Las acusaciones concretas contra ese
grupo de seres humanos no justifican la acción. Fueron
bombas yanquis, guiadas por satélites yanquis.
A sangre fría nadie absolutamente tiene derecho a matar. Si
aceptamos ese método imperial de guerra y barbarie, bombas
yanquis dirigidas por satélites pueden caer sobre cualquier
grupo de hombres y mujeres latinoamericanos, en el territorio de
cualquier país, haya o no guerra. El hecho de que se
produjera en tierra probadamente ecuatoriana es un agravante.
No somos enemigos de Colombia. Las anteriores reflexiones e
intercambios demuestran cuánto nos hemos esforzado, tanto el
actual Presidente del Consejo de Estado de Cuba como yo, de atenernos a
una política declarada de principios y de paz, proclamada
desde hace años en nuestras relaciones con los
demás Estados de América Latina.
Hoy que todo está en riesgo, no nos convierte en
beligerantes. Somos decididos partidarios de la unidad entre los
pueblos de lo que Martí llamó Nuestra
América.
Guardar silencio nos haría cómplices. Hoy a
nuestro amigo, el economista y presidente del Ecuador Rafael Correa,
quieren sentarlo en el banquillo de los acusados, algo que no
podíamos siquiera concebir aquella madrugada del 9 de
febrero de 2006. Parecía entonces que mi
imaginación era capaz de abarcar sueños y riesgos
de todo tipo, menos algo parecido a lo que ocurrió la
madrugada del sábado 1º de marzo de 2008.
Correa tiene en sus manos los pocos sobrevivientes y el resto de los
cadáveres. Los dos que faltan demuestran que el territorio
de Ecuador fue ocupado por tropas que cruzaron la frontera. Puede
exclamar ahora como Emilio Zola: ¡Yo acuso!
Marzo 3 de 2008
Fidel
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